la ciudad de la ventana
Todo era La Ciudad. No había nada más. Oscura y alta. La miraba constantemente desde mi ventana. Las nubes engullían los edificios que por altura trataban de escapar de la propia ciudad. Todos iguales de estirados y grises. Grises como el cielo que había estado siempre cubierto de nubes, que yo recuerde.
No recuerdo haber salido de la habitación ¿Lo he hecho? Solo recuerdo mirar por la ventana, sólo eso. Y el ruido de las luces junto con las gotas de la lluvia de cada rato golpean en abanicos constantes la ventana.
¡Quisiera saltar! Volar por encima de esta ciudad que me subyuga. Dejarme caer al abismo de abajo. ¿Abajo? ¿Qué hay abajo? No lo recuerdo. Es oscuro. ¿Cuánto abajo es abajo? Tampoco lo recuerdo.
Pero la ventana no se abre, no se rompe. No lo he probado pero lo sé. Solo tengo la habitación y la ventana. La habitación es toda ella marrón tirando a verde, sin detalle, sin nada, sólo un color. En realidad tiene que haber algo ya que a veces me siento en la silla y miro el suelo pero enseguida vuelvo a mirar por la ventana.
Hay una luz que falla en el techo pero las que me atraen son las de fuera, las de los edificios, las que se pierden en el cielo. ¿Como puedo subir? Si no puedo bajar ¿Podré subir? Por la ventana no, claro.
Tengo frío. Voy a dormir. A lo mejor mañana la ventana si se abre.

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